Apocalípticos e Integrados en la era del “selfie”.

(Retomo este título de un artículo publicado por Carlos Scolari en el número 1,298 de Babelia, suplemento cultural de El País)

Para los que tenemos cierta edad, recordamos la aportación de Umberto Eco en su trabajo publicado en la década de los años 60,  en el que estaba dispuesto (y así lo hizo) a encontrar un territorio nuevo que llegaba como golpe de calor y analizarlo a fondo sin quedar hipnotizado en el intento.

Por supuesto que se refería a la aparición de la televisión en un entorno social en el que se comenzaba a discutir el papel de los medios y su influencia en la opinión social. Aquella cultura de masas que fue tan estudiada, llevada y traída, en esas décadas, que se encontraban, de acuerdo a los *Apocalípticos, a merced de la irrupción de una nueva herramienta del capitalismo que buscaba el dominio de las masas y la venta gratuita de un sistema social que le favoreciera.

Al final de su recorrido, dice Scolari, “Eco adoptaba una mirada crítica pero impregnada de optimismo. Más que un **Integrado, Eco se presentaba a los lectores como un antiapocalítico dispuesto a meterse al nuevo territorio…” y salir bien librado del intento.

50 años después de aquella incursión al estudio de la comunicación de masas, nos enfrentamos de nuevo al paradigma: la era digital.

(Casi) Todos los días nos encontramos con una nueva red social que arrebata a los intelectuales, disertaciones tanto apocalípticas como integradoras de una nueva cultura que en muy poco tiempo ha alcanzado a mas del 70% de la población mundial; (el 30% restante tal vez tengamos la edad suficiente para ausentarse de estas oleadas tecnológicas y vivir con algo más que tranquilidad).

La aparición de la necesidad de autofotografiarse y de compartir “un momento” con quienes se afirman como amigos, seguidores y “fans” le otorga a una juventud la posibilidad de autoproveerse de  la importancia perdida en una sociedad individualista y quizá narcisista.

La revancha de la juventud (y de los no tan jóvenes) al despreciar los medios tradicionales como fuente informativa ha llevado a debates de estudiosos en todas las latitudes, para intentar las definiciones que habrán de acompañarnos en las siguientes décadas.

¿Son las comunidades de twiteros y/o facebookeros la personalización de los Apocalípticos que buscan quemar las naves de los medios tradicionales? ¿o son más bien los Integrados a un nuevo sistema de dominio del marketing que busca separar a las masas de una mayor la conciencia social?

¿O es simplemente un laboratorio social con rumbo aún desconocido, en el que se juegan todos los días desenfrenadas carreras por ganar adeptos, en un efímero ejercicio de éxito momentáneo a favor de prestigio personal igualmente efímero? Al tiempo.

En todo esto, rescatemos lo que la radio y la televisión lograron en su debut social; la capacidad de convocatoria que ahora vemos en las opciones digitales llamadas redes sociales.

Son muchos los ejemplos que dan cuenta de la capacidad propia de las redes sociales para la convocatoria ya para mítines sociales o políticos, pero también para denuncias sociales y para acercar ánimos en casos de ayuda en desastres naturales.

Afortunadamente estos últimos son los menos frecuentes pero la respuesta suele ser inmediata y robusta.

En México, los fenómenos “Lord… y Lady…” que denuncian actitudes que antes pasaban inadvertida; quizá sean todas nuevos intentos de una independencia y justicia social que en el camino fueron arrebatadas por una autoridad ausente y ciega.

No podemos ser ingenuos ante la marabunta social de los medios digitales. Estos sabrán encontrar su camino y, al igual que la televisión y la radio a las que les llevó años reconocer sus alcances, las redes sociales habrán de encontrar y establecerse en lugares que, como antaño con los medios tradicionales, dicten sus públicos y usuarios.

Hasta el siguiente apunte.

*Los Apocalípticos

Observan y admiran el pasado; se aferran a las viejas costumbres, a las antiguas tecnologías y a los métodos de rechazo para avanzar en la búsqueda de la verdad. La idea de una cultura compartida por todos, producida de modo que se adapte a todos, y elaborada a medida de todos, es para ellos un contrasentido. Se resisten a reconocer cualquier nuevo elemento como valioso, ya que esto implicaría un cambio que a la larga puede llegar a la aniquilación total de los patrones culturales ya establecidos.

**Los Integrados

Creen de manera optimista en la generalización del marco cultural. Están convencidos de las bondades de las nuevas tecnologías, y las difunden como parte fundamental de un futuro más libre y prometedor. Ven el fenómeno de la industria cultural y sus múltiples formas de difusión como una posibilidad para acercar las más variadas formas de expresión artística a sectores antes marginados. De esta manera los integrados serían los que ven el desarrollo tecnológico como una prometedora oportunidad de expansión cultural.

(*) (**) Del resumen elaborado por Omar J. Marroquin

¿Influencers? O el campanazo de la moda en redes.

Las nuevas tecnologías de la comunicación están sin duda cambiando y ampliando la manera de publicitar o promocionar productos o servicios, y en esa ruta, el aval personal de un personaje conocido (Influencer) puede ser un factor clave (o eso quieren que creamos).

El término “influencer”, en una búsqueda superficial en internet, hace coincidir varias definiciones: “aquellas personas con cierta credibilidad y posible influencia sobre un tema concreto”. Las opciones digitales de pronto ofrecen a un “influencer” para que, entre otras cosas,  se fotografíe con un producto o interactuando con un servicio; pasando junto a un restaurante, etc.

La lógica es simple: “si él/ella lo hace, compra, viste…, entonces yo también lo haré”.

Si seguimos esta ruta, entonces comprendemos los abusos que hacen aquellos que cobran por enviar un twit a sus miles (algunos presumen millones) de seguidores o bien por escribir en su muro del Facebook algo relacionado con lo que le piden.

En EU, por ejemplo, donde la regulación llega con varios años de antelación que en los países latinos, las autoridades han informado a las celebridades que tienen que dejar suficientemente claro cuando reciben pagos (en efectivo o en beneficios) de las empresas que los contratan. Ya no será suficiente con avisar en un breve “hashtag” en el pie de foto o video, #AD, indicativo de advertisement, en los mensajes que publican en FB, Intagram o Snapcht. Si no lo especifican con más claridad las autoridades de ese país “irán por ellos”.

Son anuncios encubiertos y mucha gente lo sabe; el problema no es para quienes se dan cuenta y saben que son anuncios pagados , sino para quienes caen en una trampa tan antigua como la publicidad misma.

Hay algunas otras redes sociales que se manejan de una manera menos obvia e incluso profesional, y que destacan las categorías de influencia con actividades más serias.

Algunos blogueros que de manera espontánea circulan ideas completas (o sea no de 140 caracteres) y que invitan a otros a escribir su opinión. Linkedin es un ejemplo masivo de estas actividades de comunicación, pues es capaz de organizar comunidades en torno a un tema. Se discute, se analiza y se encuentran posibilidades para llegar incluso a conclusiones sin que esto sea imposición para nadie.

La puerta abierta para comentar, opinar o hasta sancionar permite atraer a mucha gente interesada (ellos si) en un tema o propuesta discursiva.

Las preguntas, que no por obvias tienen un menor valor, deben seguir siendo:

¿realmente voy a vender más si este “influencer” manda un “anuncio oculto” en sus twits?

Similar a los ejercicios de raiting en radio y TV así como de lectoría de los medios impresos, cabría la necesidad de preguntarse; de evaluar la calidad de la “influencia” del personaje seleccionado.

  • De sus seguidores, ¿cuántos son realmente posibles consumidores de mi producto?
  • ¿Cuántos de esos se encuentran en el ámbito de compra de mi producto o servicio?
  • De esos, ¿cuántas son cuentas reales y cuántas son cuentas ficticias?
  • ¿Cuántos tienen la capacidad de compra de mi producto?

Si después de esta disección aún quedan algunas cuentas (que no personas) y luego de todas estas respuestas (y por supuesto algunas mas que no incluí en esta reflexión)

¿creen ustedes que convendría aplicarle algún algoritmo que apunte y distinga la volatilidad o lo efímero de estos medios?.

Es decir, ¿cuánto dura un twit? ¿cuánto dura un Trending topic?

¿sigue siendo atractivo mercadear en las redes?

Hasta el próximo apunte.